Fecha:31/01/2011
Club Murcia Gourmet Viticultura infinita en la costa de Cantabria
Club Murcia Gourmet
Por José Ramón Carrasco de la Sierra, socio del Club Murcia Gourmet

Dejamos Santander y cruzamos su bahía –“una de la más hermosas del mundo”, reza un anuncio de la consejería de turismo- para alcanzar la localidad de Marina de Cudeyo, que al igual que muchos otros municipios de esta tierra no es en realidad un nucleo urbano tradicional sino que está salpicado de pequeñas localidades dónde el verde de los prados y el azul del cantábrico se funden en un paisaje de ensueño.

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Adentrándonos en uno de sus barrios, Pedreña, nos topamos con un amable lugareño al que nos acercamos preguntándole por la historia del lugar, sus costumbres,  y dónde comer. Es solo la excusa para iniciar una deliciosa conversación que enseguida nos hace entender que nos encontramos en uno de los rincones más universales de cantabria gracias a la leyenda de su campo de golf y el más importante de sus socios: Severiano Ballesteros. Pero en Pedreña y sus alrededores hay mucho más. No en vano, nos encontramos en una tierra infinita como reza el slogan de cantabria y en la que cualquier rincón nunca está suficientemente descubierto.  Todas ellas nos llaman la atención.. Sin embargo, Ignacio Gonzalez-Mesones – que así se llama nuestro improvisado guía- nos sorprende aún más cuando haciendo gala de su gran hospitalidad nos invita a degustar en su casa una copa de vino blanco de la tierra. “¿Pero se produce vino en Cantabría?, preguntamos desde  nuestra ignorancia”. Y es entonces cuando descubrimos que en esta región se producen cerca de 112.000 litros en 40 hectáreas de viñas que bajo la Indicación Geográfica Protegida 'Vinos de Cantabria” han puesto a esta comunidad autónoma en el mapa del vino. 

Ignacio nos muestra en su finca particular unas cepas que el mismo cultiva artesanalmente desde 2001 y desde las que se divisa una ídilica vista de la bahía con la ciudad de santander como telón de fondo. Embotellado bajo la marca “Raoli”, en su cata se mezclan las exquisitas uvas originarias de Pau “Petit Merseng” y “Gross Marseng” con unas notas de godello y Sauvignon que le proporcionan el cuerpo adecuado. Mientras maridamos este suave caldo con unas esplendidas almejas, nuestro anfitrión nos habla de su pasión por el mundo de las bodegas. Afición más que justificada pues en su profesión de arquitecto ha participado en la creación y construcción de algunas de las mejores bodegas de Jeréz y el Puerto de Santa María como Terry o García-Monje. Nos habla también de sus deseos de que sus viñedos sean incluidos en la denominación de origen de la zona ya que de momento las uvas no se encuentran incluidas dentro de la misma. Y es así, entre anécdotas y recuerdos, como concluye nuestra visita turística que nunca pudo estar mejor aderezada. ¿Cantabria infinita?. Pues si señores, efectivamente. Infinita en belleza natural. Infinita en hospitalidad. Y desde esta visita, también infinita en vinos. 

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